Quería un neceser como los que empezaban a verse por todas partes, pero no quería uno como los de todas partes.
Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza hacerme un neceser bombonera. Me gustaba su forma, el volumen y esa sensación de pieza recia que se mantiene en pie cuando la dejas sobre una mesa.
Los acolchados florales empezaban a aparecer mucho en neceseres, bolsos y pequeños clutch. La idea me atraía, pero quería probar a hacer mi propia versión, con una tela que tuviera algo especial y que hiciera que la pieza fuese realmente mía.
No tenía prisa por encontrarla. Prefería esperar hasta que apareciera un tejido con carácter, de esos que te hacen detenerte y empezar a imaginar antes incluso de saber qué vas a hacer con ellos.
Y, para qué negarlo, también me encanta encontrar algo extraordinario sin necesidad de gastar una fortuna. Esa combinación entre calidad, oportunidad e imaginación tiene para mí un encanto difícil de resistir.
Todo empezó un sábado, en uno de esos mercados a los que voy con Vicky sin saber muy bien qué puede aparecer. En una misma parada se mezclan prendas de moda rápida con piezas de diseñadores conocidos, tejidos nobles y ropa que, muchas veces, parece no haber llegado a estrenarse.
El vestido estaba debajo de todo, casi enterrado. Fue apareciendo poco a poco entre mis manos y lo primero que me llamó la atención fue el tacto. Antes de mirar ninguna etiqueta, pensé que probablemente llevaba seda. Vicky también supo ver enseguida la calidad de la prenda y nos miramos con esa complicidad de quien entiende que allí había algo más que un vestido infantil.
Le conté que hacía tiempo que me rondaba la idea de hacer un neceser bombonera con cuerpo. Aquella tela tenía un estampado sobrio, casi inesperado para una niña, y precisamente por eso me parecía especial. Yo ya le veía posibilidades.
Cuando comprobé la composición , 57 % seda y 43 % algodón, sentí una mezcla de entusiasmo y respeto. Todavía no sabía exactamente cómo iba a resolverlo, pero en mi mente ya estaba cosido.
Imagen de ambiente. Fotografía de Pavel Danilyuk en Pexels.
Mientras almorzábamos, yo ya estaba pensando en cómo transformar aquella prenda. No tenía un patrón decidido ni unas medidas cerradas: sería el propio vestido el que las marcara.
Para aprovechar al máximo la tela, decidí trabajar con toda la parte delantera. Utilizar la prenda entera habría dado como resultado un neceser demasiado grande, así que preferí adaptar la forma al material disponible e intentar generar el menor residuo posible.
Me dio cierto reparo empezar a cortar una prenda tan bien confeccionada, pero la idea estaba demasiado clara en mi cabeza. El frontal se convertiría en el cuerpo del neceser; los tirantes, los ojales y el botón también encontrarían su lugar. La parte trasera quedó intacta, esperando quizá otra transformación más adelante.
No seguí un tutorial completo. Fui observando la forma que quería conseguir y resolviendo las medidas a partir de la tela que tenía delante. En mi mente, de alguna manera, ya estaba cosido.
Para el interior elegí una popelina fucsia muy fina. El estampado exterior ya tenía pequeños toques de ese color y me gustaba la idea de recogerlos y llevarlos mucho más lejos al abrir el neceser.
El fucsia cambia por completo el conjunto. Por fuera, la seda mantiene ese aire elegante, ornamental y algo serio; por dentro aparece un contraste más atrevido que le quita solemnidad y hace que la pieza se sienta mucho más mía.
Como la popelina era ligera, le añadí entretela para darle estabilidad. No buscaba solamente un interior bonito: necesitaba que acompañara el volumen del exterior acolchado y ayudara a que el neceser conservara su forma. Así, el color y la estructura acabaron resolviéndose al mismo tiempo.
No partí de unas medidas estándar. El tamaño del neceser vino determinado por la parte delantera del vestido, porque quería aprovecharla al máximo y generar el menor residuo posible.
También tenía clara la forma: buscaba una cremallera envolvente, que recorriera la parte superior y bajara por los extremos, para conseguir una apertura amplia y unos laterales con volumen.
Fui resolviendo la construcción sobre la marcha, observando cómo respondían la seda acolchada, el forro entretelado y todas las capas al encontrarse. Había una idea muy clara, pero el camino hasta ella se fue decidiendo delante de la máquina.
¿Te interesan las medidas?
Puedo enviarte la ficha en PDF con las medidas que utilicé para esta pieza.
Hay otra forma habitual de construir este tipo de neceser: unir exterior, guata y forro como una sola pieza y rematar después las costuras interiores de las esquinas con cinta al bies. Es un sistema perfectamente válido, pero no era el acabado que quería para esta pieza.
Preferí coser las esquinas del exterior y las del forro por separado, para que los márgenes quedaran ocultos entre ambas capas. Llevaba algo más de trabajo, pero conseguía un interior más limpio y sin bies, que era exactamente lo que buscaba.
Y así nació Vicky, mi neceser bombonera de seda acolchada.
El resultado es justo el neceser que llevaba tiempo imaginando: con volumen, una apertura amplia y la consistencia suficiente para mantenerse en pie. Por fuera conserva la elegancia de la seda acolchada; por dentro, el fucsia cambia por completo el carácter de la pieza.
También pude aprovechar los tirantes del vestido para crear los tiradores de la cremallera e incorporar uno de sus botones forrados. Son pequeños detalles, pero hacen que la historia de la prenda siga presente en el neceser terminado.
Ahora ya está preparado para acompañarme este verano y guardar mis potingues. Y, aunque al principio me dio cierto reparo cortar una prenda tan especial, al verlo terminado siento que aquella tela encontró una nueva forma de seguir utilizándose.
Mientras trabajaba, pensaba en la cantidad de ropa que circula prácticamente nueva; sin haber agotado su vida útil. No creo que todas las prendas tengan que transformarse, ni que reutilizar una tela vaya a resolver por sí solo un problema tan grande. Pero sí creo en mirar más despacio, y utilizar lo que ya existe cuando tiene sentido, y evitar que un material valioso se convierta demasiado pronto en residuos. Este vestido tenía mucho que ofrecer
No todas las piezas de Bixomalo empiezan con una tela recuperada. Algunos modelos fijos, como la riñonera de lino, nacen de tejidos comprados expresamente por su calidad, su resistencia y su carácter. Otras veces, el punto de partida es una prenda encontrada, un muestrario antiguo o un fragmento que todavía merece otra oportunidad.
El origen del material puede cambiar. Lo que intento mantener es la misma manera de trabajar: elegir con criterio, aprovechar bien la tela y crear piezas pensadas para acompañarnos durante mucho tiempo.