La cianotipia llegó a mí por un camino curioso: viendo Sexo en Nueva York.
En el cabecero de la cama de Carrie Bradshaw aparecían unos cuadros azules con formas botánicas que me llamaron muchísimo la atención. No sabía qué técnica era, pero se me quedó grabada. Como me pasa cuando algo despierta mi curiosidad, empecé a investigar por mi cuenta.
Así descubrí la cianotipia.
Muchas de las técnicas que he aprendido a lo largo de los años han llegado así: mirando, leyendo, probando, equivocándome y volviendo a empezar. Sin demasiada teoría al principio, pero con muchas ganas de entender.
La cianotipia es una técnica fotográfica antigua que utiliza la luz del sol para dejar impresiones sobre una superficie preparada. Se suele asociar al papel, pero yo quise llevarla al terreno que más me interesaba: el textil.
Elegí el jean porque en aquella época me fascinaba la reutilización del tejido vaquero. Me interesaban sus costuras, sus desgastes, sus tonos distintos y esa memoria que ya trae incorporada.
Sobre ese material empecé a trabajar con hojas que recogía en mis paseos por el campo.
Una de las cosas que más me gustaba era el momento de retirar las hojas después de la exposición al sol. Nunca sabía exactamente qué iba a aparecer.
Quedaban siluetas vegetales, manchas, veladuras, zonas intensas y otras más suaves. Y sobre el jean surgían también matices cálidos, verdes apagados, amarillos, marcas del propio tejido y pequeñas imperfecciones.
Eso era justo lo que me atraía: que cada prueba tenía algo imprevisible.
Algunas de aquellas pruebas terminaron convertidas en bolsos, neceseres o piezas textiles. Otras simplemente formaron parte del aprendizaje.
No fue una colección cerrada ni pensada desde una estrategia clara. Fue una etapa muy intuitiva, de investigar, mezclar, coser y descubrir.
Con el tiempo entiendo que quizá entonces no supe explicar bien todo lo que había detrás: la técnica, las pruebas, el oficio, la costura y la paciencia. Pero esas piezas forman parte del camino de Bixomalo.
Hoy Bixomalo está en otro momento. La marca se ha ido depurando y tiene una dirección más clara.
Pero nada aparece de repente. Antes hubo telas, vaqueros reutilizados, hojas recogidas en paseos, tardes de sol y muchas pruebas.
La cianotipia sobre jean no es el centro actual de Bixomalo, pero sí forma parte de su historia: una etapa azul, botánica, imperfecta y muy mía.
Algunas piezas de aquella época todavía están disponibles dentro de Patchwork urbano, una pequeña serie de bolsos únicos donde se mezclan tejidos, color, reciclaje y experimentación textil.