Sobre mí
Si tuviera otro apellido sería “manos inquietas”.
Seguí el camino que tocaba: estudiar, trabajar y hacer lo que parecía lógico. Pero siempre volvía a lo mismo: las telas, las manualidades, la costura, el crear por crear. Un día entendí que, si no le hacía hueco a eso, siempre me iba a faltar algo.
No vivo en una buhardilla parisina ni en un estudio enorme. Trabajo en mi taller, mi espacio de creación y a veces entre un orden que dura poco, porque enseguida lo deshago sin querer. Tengo mis manías, mis rutinas, mis tés con anís estrellado y ese TOC de llevar siempre las uñas cortas para poder sentir bien la tela.
Descubrí que me gusta transformar cosas: telas descatalogadas, restos de muestrarios, materiales que otros ya no usan. Me gusta darles otra vida y convertirlos en piezas que puedan acompañar a alguien. Sin producción en serie. Sin prisa. A mi ritmo.
Con el tiempo también aprendí que no hace falta hacerlo todo.
No puedo rescatar todas las telas que encuentro. Ni convertir cada hallazgo en una colección. Elijo las que me hacen detenerme, las que tienen algo especial y las que puedo imaginar formando parte de la vida de alguien durante años.
Supongo que es una mezcla de intuición, experiencia y sentido común.
A veces digo que encuentro telas. Pero la verdad es que algunas parecen encontrarme a mí.
Aparecen en mercadillos, almacenes olvidados, restos de colecciones o rincones donde casi nadie mira. Y de repente ahí están: un color, una textura, una combinación inesperada que me obliga a llevármelas mentalmente al taller antes incluso de haberlas comprado.
Porque muchas veces todo empieza por el color.
El color es lo primero que me atrapa. Después llega la textura, el peso, la caída, la historia que parece esconder la tela. Algunas llaman la atención inmediatamente. Otras necesitan tiempo. Pero todas pasan por el mismo filtro: tienen que encajar en mi mundo.
Siento debilidad por las fibras naturales. Me gusta cómo envejecen el lino, el algodón o la lana. Me gusta su tacto, su carácter y la forma en que cuentan el paso del tiempo.
Pero también creo que los materiales merecen una segunda oportunidad. Si una tela tiene calidad, personalidad y todavía puede seguir acompañando a alguien, me interesa mucho más eso que cualquier etiqueta.
No me interesa diseñar cien modelos distintos.
Me interesa explorar posibilidades.
Por eso muchas veces trabajo sobre una misma forma y dejo que sean las telas las que cambien la historia. El patrón permanece. El color juega. La textura decide. Y cada pieza encuentra su propio carácter.
Trabajo sola y me ocupo de todo: desde elegir una tela hasta preparar cada envío. Entre el caos creativo y el orden cotidiano es donde mejor me encuentro.
Y si me preguntas quién soy, te diré que «solo» soy una artesana con los pies en el suelo.
Dame una tela con historia y yo te diré en qué puede convertirse.